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Viernes, 06 Marzo 2020 08:45
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¿Quién es Jeovanny Benavides?

No lo sé aún. Tengo lo que me resta de vida para descubrirlo.

Descripción personal

¿Descripción personal? Una “descripción personal” es caer en el narcisismo, en el elogio vano y no estoy de acuerdo ni con lo uno ni con lo otro.

¿Qué cargos ha desempeñado durante su vida profesional?

He sido escritor, periodista, editor y profesor durante toda mi vida. No me han interesado ni he ambicionado ningún cargo en esta vida.

¿Su formación académica como comunicador social le ha permitido valorar la profesión?

Si uno ejerce una profesión por vocación, la valoración por ese oficio viene ya incluida.

¿Cuál es su visión personal sobre la academia y su vinculación a la literatura?

La academia ha estudiado la literatura en sus diversas fases y etapas, es la encargada de ponerle etiquetas y definir procesos que el escritor no ve ni le importa. En ese sentido, el rol de la academia es esencial en la medida en que fomenta la crítica. Y esa crítica es relevante en la medida en que permite valorar más una determinada obra al brindar miradas y perspectivas inimaginables. Yo creo que abrir puertas a nuevos criterios y debates es la pleitesía más importante que la academia le puede rendir a la literatura.

Usted acaba de ganar el Premio Nacional de Novela Miguel Riofrío ¿Qué lo inspiró a escribir la obra “Pilares de la noche vana”?

El oficio de la escritura no se sustenta en la inspiración, sino en la vocación, en el trabajo exhaustivo y en el disfrute de la soledad. Podría hablar de motivaciones y al mismo tiempo no decir gran cosa. Escribí “Pilares de la noche vana” porque quise, porque era una historia que estuvo rondando mi cabeza los últimos dos años de mi vida, casi como una obsesión. Un día me senté con mis personajes, hablamos y fue como si me dijeran: vamos, ya es tiempo, escribe. Y lo hice durante ocho meses seguidos. Cuando empecé a escribir esta novela ya no pude detenerme, sino hasta el final. Fue una experiencia inolvidable. Creo que es una obra que generará un buen grado de interés en mis lectores y, sobre todo, no los dejará indiferentes.

¿Cómo docente impulsa a sus estudiantes a involucrarse con la literatura?

Las materias que me son asignadas tienen relación con la escritura académica, es decir que están más vinculadas al ámbito del ensayo y el artículo científico. No tienen una connotación literaria. Me gustaría en un momento dado impartir disciplinas que vayan en sintonía con la escritura creativa de ficciones, pero no es mi caso aún. A veces me siento como Kafka, que era un funcionario de un banco y durante el día lo que menos hacía era literatura; de hecho, su producción literaria se la debemos a sus insomnios y horas que le robaba a la madrugada, pues así soy yo: escribo cuando medio mundo duerme.

¿Para usted qué significa el ejercicio de la docencia?

Es parte de mi vida. Cuando me levanto por las mañanas a dar clases a las 7h00 nunca pienso ni creo que voy a un trabajo, sino que voy a compartir un momento de aprendizaje con mis estudiantes. Por eso trato de generar inquietudes diversas con mis temas de clases, intento provocar la reflexión y pretendo despertar en mis alumnos las motivaciones necesarias para que hagan consultas y despejen cualquier tipo de dudas. Yo siento que la clase en la que ningún estudiante me hace preguntas es una jornada académica perdida, porque creo que no hay interés. Es por eso que trato de poner ejemplos actuales para que los chicos se sientan más identificados con la materia. La vida me ha puesto en el camino del ejercicio de la docencia y pienso que es una bendición muy grande.

Adicional a sus labores de la docencia universitaria, usted es editor de una revista académica, ¿qué significa para usted la edición?

La edición es también una vocación. Cada semana reviso decenas de artículos y ensayos y los envío a revisión de pares. Junto con un equipo editorial de primer nivel tratamos de posicionar a nuestra revista ReHuSo en los primeros niveles. Gracias a Dios hemos hecho un trabajo responsable y comprometido que nos ha permitido alcanzar los objetivos propuestos.

¿Cuál es su experiencia laboral que lo ha marcado como profesional?

He visto casi de todo en la vida y me he adaptado a los contextos en los cuales me ha tocado jugar. Casi nada me impresiona, así que, si debo nombrar una experiencia laboral que me haya marcado, así como dejarme una huella indeleble, no podría señalar a ninguna.

¿Qué acciones se deben tomar para que los estudiantes se involucren en temas literarios?

Fomentar talleres literarios. No hay otra opción. Se pueden organizar conferencias, simposios, seminarios, pero lo que realmente forma al ser humano cuando quiere aprender algo es haciéndolo. Y para eso nada mejor que los talleres. Si un carpintero no sabe hacer una silla y se lo explican de mil y un modos en capacitaciones, seguirá sin saber cómo hacer la maldita silla, pero si va a un taller y un maestro le enseña en la práctica la forma en que debe elaborarla, seguro aprenderá y no se le olvidará jamás. El aprender haciendo es un lema del ejercicio de la docencia que se debe aplicar en todos los contextos y profesiones, incluido en el literario.

¿Qué representa la UTM para usted?

Mi patria chica, mi lugar de trabajo, una parte de mi vida. La Universidad Técnica de Manabí es la institución a la cual me debo y la depositaria todos mis esfuerzos académicos. Aborrezco la adulación, el elogio hipócrita, por eso no voy a aprovechar este espacio para decir que las autoridades de la UTM son las mejores de todo el planeta; lo que sí puedo decir es que en los últimos años he visto a mi Alma Mater crecer significativamente en todos los aspectos, ha sido una institución que ha ido de menor a mayor y eso me ha dado mucha alegría. Esto quiere decir que vamos por el camino correcto y quienes están liderando los procesos han sabido actuar eficaz y responsablemente. Y aparte de ello, el saber que como profesor puedo hacer que mi universidad sea mejor me motiva para ejercer la cátedra día a día. La Madre Teresa solía decir que “a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”. Y bueno, yo siento que cada clase que doy es una gota en el mar inconmensurable que se llama educación superior.

¿Qué cambiaría de su pasado si pudiera hacerlo?

Nada. Dice Nicanor Parra que “el ayer es ayer. Nos pertenece sólo en el recuerdo: a la rosa que ya se deshojó no se le puede sacar otro pétalo”. No cambiaría nada debido a la inutilidad que genera el mero planteamiento. Sin embargo, quizás me gustaría hablar una última vez con mi abuela Elena que un día, hace ya treinta años, sentado en sus piernas, me dijo que yo iba a conseguir todo cuanto me propusiera. Me gustaría conversar con ella que, en vida y en los tiempos más injustos de mi país, no pudo ver cumplido el sueño latinoamericano por excelencia: “M' hijo, el doctor”.

¿Cómo se imagina que será su futuro de adulto mayor?

No lo sé. De hecho, esta es la mejor pregunta de la entrevista y no lo sé, pero supongo que sería una persona que disfrutará de su tiempo libre leyendo, escribiendo, viajando, sin ninguna restricción de tiempo. Me gustaría ser un adulto mayor que esté en paz con su conciencia y que pese al castigo de los años pueda decir con Lord Byron: “Solo me arrepiento de los pecados que no he podido cometer aún”. Por ello, le pido a Dios, eso sí, que ojalá de viejito, sabio y con tanta experiencia, aún conserve las ganas de disfrutar de todos y cada uno de los placeres de la vida… sin ningún tipo de excepción.

¿Cómo quisiera ser recordado?

No me gustaría ser recordado. Cuando muera me gustaría descansar en paz y eso ya es pedir mucho, creo. El poeta británico John Keats dejó escrito en su epitafio lo siguiente: "Here lies one whose name was writ in wáter” (Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en agua). Y así me gustaría, que mi nombre sea escrito en agua, para reconciliarme con la vida, con la gente que me amó y a la que hice daño de forma involuntaria, con quienes me odiaron por los motivos que fuesen. Y, sobre todo, en la postrera etapa de mi vida me gustaría reconciliarme con Dios.

Jeovanny Moisés Benavides Bailón

Doctor en comunicación, docente y escritor de vocación

Jeovanny Benavides (1981) es profesor de la Facultad de Ciencias Humanísticas y Sociales de la Universidad Técnica de Manabí, se auto define como doctor en comunicación y escritor por vocación, este profesional se encuentra vinculado a la docencia universitaria desde el 2005. Como periodista transitó por los principales medios de comunicación de la provincia, como escritor acaba de ganar la VII edición del Premio Nacional de Literatura Miguel Riofrío, por su novela “Pilares de la noche vana”. En la siguiente entrevista nos brinda sus perspectivas en el ejercicio de la docencia y sus motivaciones para dedicarse a la escritura.

“Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better” (Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor)

Samuel Beckett
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